Golf

¿Mi hijo puede aprender a jugar golf?

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Conoce cuáles son las mejores opciones para que tu hijo aprenda a jugar golf sin importar su edad. 

Klever Tee Time / Staff

Más de uno de los jugadores de golf que tienen hijos han pensado en que sus hijos comiencen a practicar golf y heredar el amor por este gran deporte. 

Pero siempre llegan algunas dudas que pueden alertar el instinto paternal o maternal, como ¿qué edad es la adecuada para comenzar? ¿es riesgoso? ¿cuál será el equipo adecuado para ellos?. 

Hoy hicimos una recopilación para poder resolver tus dudas. 

¿Cuándo pueden comenzar a practicar golf?

Existen numerosas teorías sobre la edad a la que un niño debe empezar a jugar, entre los 3 y los 10 años, variando en función principalmente de la edad a la que se considere que un niño puede tener la suficiente fuerza física para levantar el palo y darle a la bola.

Pero lo cierto es que no existe una edad concreta para empezar a jugar al golf. Cada niño, según su constitución y, sobre todo sus deseos de jugar, impondrá el momento en que desea comenzar a practicar.

Muchos de los profesionales de hoy en día cuentan cómo empezaron a jugar a muy temprana edad. Un buen ejemplo es Tiger Woods, quien ya con 2 años apareció jugando en el “Mike Douglas Show” junto a Bob Hope, para después empezar a ganar sus primeros torneos a la edad de 8 años. Pero por supuesto estamos hablando de Tiger Woods, uno de los más grandes de la historia del golf.

Solo debemos de tomar en cuenta que es a los 3 ó 4 años cuando el niño comienza a desarrollar la capacidad psicomotriz y a esbozar la inclinación competitiva.

Beneficios de jugar al golf

Resulta evidente que la práctica de un deporte resulta muy positiva para cualquier niño. La actividad física le ayudará a desarrollar mejor su cuerpo, pero también su mente.

En el caso del golf esta mejora se desarrolla incluso desde un plano social y educativo.

En general podemos decir que el golf es un deporte individual que exige control corporal, concentración, habilidad; pero además es tranquilo, nada agresivo físicamente y facilita un contacto muy intenso con la naturaleza. Practicándolo se aprenden normas de comportamiento y las exigencias de autocontrol y concentración pueden aplicarse posteriormente a las técnicas de estudio lo que sin duda le será de gran ayuda en su rendimiento escolar.

¿Cómo aprender?

Lo primero que debe tenerse en cuenta es que para un niño el golf debe ser diversión, nunca técnica y mucho menos presión. Si no es así pronto terminará por cansarse o aburrirse, en definitiva, por desmotivarse, dejando de lado este deporte o acudiendo por obligación a unas clases que no le interesan nada y que, por tanto, no aprovechará lo más mínimo.

Diríamos más, la diversión debe ser una constante para cualquier golfista, sea cual sea su edad; si el juego deja de divertirse, dejará de motivarse.

Debemos tener en cuenta que los niños aprenden de forma muy diferente a como lo hace un adulto.

Tienen la capacidad de incorporar conocimientos de tal manera que persisten en su memoria inalterables. Por supuesto estas enseñanzas pueden mejorarse con la práctica posterior.

Por otro lado es importante considerar que la capacidad de atención de un niño es reducida.

En este sentido, es importante que el profesor no se complique con largas y tediosas explicaciones técnicas, sino más bien que procure llevarlo todo al plano práctico, mostrándose él mismo como ejemplo o muestra. Una media de 10 minutos de explicaciones y 20 de clases prácticas resultarán lo más adecuado.

Llegado el momento de competir, es importante que le hagamos ver que el deporte está ligado a la confrontación, que es algo necesario para medir la destreza y capacidad de cada uno, y para mejorarla; pero que en ningún caso pasará nada por perder o por quedar segundo.

El desafío debe verse como algo natural, pero sin que exista presión y por supuesto sin imponer metas que puedan resultar inalcanzables, ya que con ellas lo único que conseguiremos será crear frustración, debemos tener en cuenta que muchas veces los objetivos de los padres son muy superiores a las auténticas capacidades de los niños y eso sin duda es un gran error.

Durante toda esta etapa los padres deben ser un apoyo y nunca una fuente de presión. La idea de “ganar”, de “triunfar” debe quedar relegada y dar más importancia a los valores.

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