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El modelo en cuestión, que ha sido fabricado por la conocida compañía Graff, cuenta con 110 quilates en diamantes engarzados en un brazalete de platino

Klever Tee Time / Redacción

Así como los móviles ya no son solo para llamar o mandar mensajes, los relojes no están solo para dar la hora. Este accesorio se ha convertido en un complemento tan importante como los zapatos o una buena corbata, sino más.

Además, dependiendo del modelo que un hombre lleve se puede apreciar, incluso, cuál es su nivel adquisitivo, de ahí que muchos millonarios y famosos presuman en sus redes sociales de exclusivos modelos. Pero, el Graff Diamonds Hallucination, que se sepa, no tiene dueño particular.

El que es el reloj más caro del mundo no tiene oro, ni una maquinaria suiza de alta precisión, sino 110 quilates en diamantes de gran tamaño, cortes de todo tipo y colores inusuales,

 todos ellos engarzados en un brazalete de platino. Se trata, por tanto, de un complemento diseñado para redefinir la fusión de la alta joyería con la relojería.

La compañía encargada de dar vida a esta exquisita obra de arte es Graff, un joyero multinacional británico con sede en Londres. Fundada en 1960 por el joyero Laurence Graff, esta firma se encarga del diseño, fabricación y distribución de joyas y relojes de lujo y suyas son algunas de las creaciones más exclusivas del mercado.

Lo mejor de esta empresa es que está adherida al proceso Kimberly, lo que significa que se compromete a no comprar diamantes procedentes de zonas de conflicto o de aquellas donde se vulneran los derechos humanos.

Este modelo, que fue presentado en Baselworld en 2014, cuesta alrededor de los 50 millones de euros, cifra que le coloca, también, como la tercera joya más cara del mundo, por detrás del diamante Pink Star con un peso de 59,6 quilates, montado en un anillo por esta misma compañía y vendido en 2017 por 66,9 millones de euros, y el diamante Wittelsbach Graff, vendido también por Graff a la familia real de Qatar, en 2011, por 80 millones de dólares, casi 66 millones de euros al cambio.

Para confeccionar este reloj han sido necesarias miles de horas por parte de los diseñadores, quienes perfeccionaron un primer concepto ideado por el propio Laurence Graff quien confesó durante el lanzamiento de la joya que «durante muchos años soñé con crear un reloj verdaderamente notable, que pusiera de manifiesto nuestra profunda pasión por los diamantes. El Hallucination es ese sueño hecho realidad». Por su parte, la selección de diamantes trabajo que llevó a cabo el hijo de Laurence, François Graff duró más de dos años. El resultado de tan arduo trabajo es, sin duda, espectacular.