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Hideki Matsuyama

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Las jugadoras asiáticas dominan de manera abrumadora su deporte, un imperio tras el que se esconde una severa disciplina y una gran presión familiar y social

Klever Tee Timme / Redacción

Hizo historia y como si nada. Hideki Matsuyama metió el putt que le convertía en ganador del Masters de Augusta y no levantó ni una ceja. Ni un grito ni brazos al aire. Ni una miga de celebración. Nada. El hombre acababa de convertirse en el primer japonés en lograr un grande, y en el primer asiático con la chaqueta verde, y se comportó como si acabara de embocar en una ronda de entrenamiento. 

 Poco después, su caddie caminó despacio hacia el hoyo, puso la bandera en su sitio y se quitó la gorra en señal de respeto en medio de un silencio pandémico. Comparado con la explosión de felicidad de Tiger Woods dos años antes, fue un enorme choque cultural.

El triunfo de Matsuyama rompió las quinielas. Los golfistas asiáticos son minoría en la élite del circuito masculino. Solo hay seis entre los 100 mejores jugadores del mundo (cuatro japoneses y dos coreanos). Pero lo que en los hombres es una excepción, entre las mujeres es la norma.

 Entre las 100 mejores golfistas de la clasificación mundial, más de la mitad (52) son asiáticas, con Corea del Sur como la potencia indiscutible: 32 representantes, entre ellas las tres primeras del ranking, por 12 japonesas, cuatro tailandesas, tres chinas y una filipina. ¿Qué es lo que explica esta gran diferencia según el género? ¿Cuál es el secreto de las golfistas asiáticas?

Marta Figueras-Dotti fue la primera deportista española que recibió una beca deportiva de EE UU, compitió contra las mejores y actualmente es presidenta del circuito europeo femenino. Así explica este fenómeno: “Hay una razón genética y una razón cultural. Genéticamente, las asiáticas tienen una sensibilidad en las manos que es increíble. Es alucinante cómo patean y aprochan. Su habilidad es brutal.

Creo que influye esa tradición de los trabajos manuales que se hacen en sus países. El otro motivo tiene que ver con la disciplina que siguen desde niñas y la presión familiar, social y hasta nacional que soportan. A estas chicas la familia les empuja, empuja y empuja. Recuerdo estar en Japón e ir a cenar un grupo de personas y que la mujer japonesa tenía que ir en un taxi separada del resto, o simplemente irse a casa. Era servidumbre, entrega total.

En muchos casos las familias las machacan más a ellas que a ellos, que además tienen el servicio militar obligatorio y eso corta sus carreras. Las mujeres asumen desde pequeñas esa presión, cargan con todo, y a veces se queman muy pronto. He conocido varios casos de intento de suicidio porque no lo soportan”, cuenta Dotti. Corea y Japón son dos de los países con un índice de suicidio juvenil más alto.

El imperio lo devora casi todo. Una golfista asiática ha ganado 36 de los últimos 60 grandes, ocho de los últimos 10, los cuatro últimos seguidos. De esos ocho, seis han acabado en manos coreanas, y cinco son jugadoras diferentes. La competencia es colosal.

Es triunfar o fracasar. Y esa lucha por el éxito tiene un precio. “Llevan aguantando una disciplina severa desde los seis años. Y a los 22, cuando te vas a América y si no ganas es que has fracasado, te pasa factura. Te quemas. Hay chicas que lo dejan por depresión”, dice Figueras-Dotti.

“Sí, señor”

Hace 10 días, Lydia Ko, coreana con pasaporte neozelandés, volvió a ganar en el circuito femenino (LPGA) después de casi tres años en blanco. En 2012, con solo 15, se estrenó con el Abierto de Canadá. En 2015 fue la golfista más joven en la historia en ser número uno del mundo (17 años y nueve meses)

En los Juegos de Río 2016 fue medalla de plata…. Y se esfumó. “Sus padres tienen mucho que ver”, explicó David Leadbetter, su entrenador; “le decían cuándo se tenía que ir a dormir, qué tenía que comer, cómo vestirse, cuándo entrenar. Y la presionaban para que ganara todos los torneos. Deberían haberla dejado tranquila”. Ahora acaba de cumplir 24 años y, liberada ya de viejos fantasmas, comienza una nueva vida con otro entorno.

“A una jugadora asiática le dices que entrene 10 horas al día y responde: ‘Sí, señor’. Le dices que hasta que no meta 100 putts seguidos no se va a casa y responde: ‘Sí, señor’. Obedecen porque creen que es lo mejor”, añade el técnico español Jorge Parada, que ha trabajado con varias golfistas coreanas, como Lydia Ko. “Desde muy jóvenes, para ellas no es un deporte, es su carrera”, completa.

Lydia Ko, como la número uno mundial, Jin Young Ko, y como la número dos, In Bee Park, ganadora de seis grandes, es uno de esos ejemplos que las niñas asiáticas admiran casi desde la cuna. “Es como en España el fútbol. Aquí todos los niños quieren ser futbolistas y solo algunos llegan a la élite. Allí pasa lo mismo con las niñas y el golf. Ese es su sueño. 

 El golf femenino allí es nuestro fútbol, y como son muchas las que juegan, por porcentaje triunfan más”, analiza Azahara Muñoz, la segunda española mejor clasificada en el ránking (puesto 79), por detrás de Carlota Ciganda (24). La malagueña, de 33 años, también pone el foco en esa disciplina casi militar: “Son las primeras en llegar a entrenarse y las últimas en irse. Yo en el tour también entreno mucho, pero es que ellas llevan así desde muy jóvenes”.

Azahara sabe de la dureza de sobrevivir en la élite y de pasar del circuito europeo, mucho más familiar en cuanto a la relación entre las jugadoras, al salvaje circuito americano, una jungla en la que, según Figueras-Dotti, todo es “trabajo y dinero”. No hay amigas, sino competidoras. Es una selección natural en la que sobreviven las más fuertes. Aunque a veces cueste demasiado.

Hideki Matsuyama puede haberse convertido instantáneamente en el héroe del golf más grande que Japón haya conocido con la victoria del Masters en la montaña rusa del domingo. Ahora, sin embargo, viene la parte difícil.

Golf Digest / By Mike Stachura

Porque tan desafiante como cerrar el trato para convertirse en el primer golfista masculino nacido en Japón en ganar un campeonato importante claramente fue durante el frenético final del domingo, ahora el tímido y trabajador Matsuyama se encuentra a la vanguardia de lo que un veterano observador del negocio del golf japonés llamado “un evento que hace época”. Japón puede situarse cómodamente como el segundo mercado de golf más grande del mundo, ya que representa una quinta parte del negocio mundial del golf por sí solo, pero hace mucho que está alejado del boom del golf del país de finales de los 80 y 90. Con la última década viendo ingresos planos y juego y jugadores en declive, la victoria de Matsuyama es una oportunidad para inyectar nueva vida en una nación que ha estado esperando un momento de golf como este durante más de medio siglo.

“Solo podríamos soñar con algo como esto”, dijo Andy Yamanaka, secretario general de la Asociación de Golf de Japón. “Honestamente, ¿quién podría haberlo imaginado? Es más que un sueño, de verdad. No encuentro las palabras para explicarlo. Tal vez pueda volver a ser como 1957, nuestro primer boom del golf “.

Ese año se celebró en Japón la Copa Canadá (precursora del Mundial) y la selección japonesa de Torakichi “Pete” Nakamura y Koichi Ono se impuso por nueve tiros a Sam Snead y Jimmy Demaret. Nakamura ganó el título individual por siete tiros. Esa actuación engendró el linaje de golfistas que comenzaron con Isao Aoki y Tommy Nakajima en la década de 1970, a los hermanos Ozaki (Jumbo, Joe y Jet) de las décadas de 1980 y 1990 a Shigeki Maruyama, Shingo Katayama y Ryo Ishikawa en el siglo XXI. Esa ola de popularidad del golf en Japón incluyó al primer gran campeón del país en Chako Higuchi, quien ganó el Campeonato de la LPGA en 1977.

Sin embargo, la victoria de Matsuyama ya es más grande que todo eso, porque si bien Japón era un país de golf floreciente en ese entonces, ahora se encuentra tratando de encontrar una nueva forma de avanzar con un nuevo impulso. Más de la mitad de los televisores del país estaban viendo al jugador de 29 años sacar la victoria del Masters a las 8 en punto un lunes por la mañana. El sistema de alerta nacional del país, generalmente reservado para desastres naturales y otras emergencias, envió un aviso de felicitaciones en el momento en que Matsuyama hizo el hoyo final. Ediciones especiales adicionales (¡impresas!) De periódicos anunciaron su victoria. Su sombrero Sunday Srixon se agotó al mediodía y una historia publicada en Japón dice que la compañía ha vendido su stock de la pelota que jugó y que había hecho con el logotipo de Masters. Los comentaristas de televisión ya están pidiendo que Matsuyama reciba un Premio de Honor del Pueblo, que tradicionalmente otorga el primer ministro a figuras nacionales del deporte, la actuación y la música, pero nunca antes a un golfista.

Con los Juegos Olímpicos reprogramados a solo unos meses de distancia y la competencia de golf que se llevará a cabo en el venerable Kasumagiseki Golf Club, sede de esa Copa Canadá de 1957 y el lugar donde Matsuyama ganó por primera vez una invitación de Masters al ganar el Asian Amateur en 2010, el peso de una nación golfista que lleva más de una década no ha disminuido con su gran victoria. Más bien, su importancia potencial solo puede haber aumentado, dijo Joe Gaughwin, embajador del Taheiyo Club, que administra 18 campos en Japón.

“Con su victoria en el Masters y su regreso a los Juegos Olímpicos y una posible victoria, podría crear una tormenta perfecta que podría llevar al golf a la estratosfera como en los años 80 y 90”, dijo Gaughwin, un miembro australiano de la PGA que ha estado trabajando en Japón durante los últimos siete años. “La victoria de Hideki es generacional y será muy interesante presenciar el impacto que tendrá”.

Gaughwin comparó el impacto potencial de Matsuyama con lo que Greg Norman hizo por el golf australiano en la década de 1980 y lo que hizo otro jugador japonés por el país a principios de la década de 2000. Ai Miyazato, aunque nunca ganó un major, capturó la atención del país cuando ganó su primer torneo profesional mientras aún estaba en la escuela secundaria en su camino hacia el ranking No. 1 del mundo y docenas de victorias en todo el mundo.

La diferencia, por supuesto, es que Miyazato era legendaria por su personalidad sonriente y atractiva. Hideki-san no es Ai-chan, como dicen. Y cuando intente revitalizar una industria como el golf en Japón, ciertamente podría hacer uso de un héroe nacional que abrace a la celebridad. Porque si bien el entusiasmo por el golf persiste en Japón, ya no es 1988.

En los últimos 25 años, el número de golfistas se ha reducido casi a la mitad, de más de 12 millones a alrededor de 6,5 millones. Los 2.500 campos de golf de hace una generación en el país, aunque probablemente sobreconstruidos, han visto varios cientos cerrados. Las ventas de equipos de golf en Japón todavía representan más de $ 2 mil millones al año, pero esas cifras se han mantenido prácticamente sin cambios durante la última década. Según el World Golf Report, un proyecto de investigación conjunto del negocio global del golf producido por Golf Datatech y el Yano Research Institute en Japón, Japón representa el 22 por ciento de la economía mundial del golf, segundo después de Estados Unidos con el 45 por ciento. Aún así, las ventas de equipos de golf, que se recuperaron algo en la segunda mitad de 2020, terminaron el año con una caída del 5 por ciento y, en los últimos cinco años, bajaron un 1 por ciento, mientras que las ventas mundiales aumentaron un 11 por ciento.

Japón tiene la mitad de los campos de golf de Asia, pero el país que era famoso por los golfistas recreativos que cargaban sus palos en el metro y los trenes y desgastaban los más de 3.000 campos de prácticas ha sufrido el estallido de la burbuja económica en la década de 1990 y una economía en dificultades desde entonces. ya no apoya constantemente clubes privados y sus tarifas de iniciación de hace mucho tiempo de $ 400,000. La demografía era una preocupación, dijo el gran golfista japonés y miembro del Salón de la Fama del Golf Mundial Isao Aoki. Hablando en el Simposio de Negocios de Golf de la Fundación Nacional de Golf en 2019, señaló un problema que tampoco es ajeno al golf en los EE. UU.

“El problema grave es el envejecimiento de la población de golf”, dijo Aoki. “El grupo de edad más numeroso es de 60 años. Necesitamos que más gente joven juegue golf”.

Aoki dijo que ha habido algunas señales alentadoras. Esas tarifas de iniciación se han reducido en un 80 por ciento en los últimos años a medida que los cursos buscaban miembros más jóvenes, incluso ofreciendo golf gratis a los estudiantes universitarios en su vigésimo cumpleaños y dejando de lado los estrictos códigos de vestimenta tradicionales al permitir los “Días de los jeans”. Y el aumento de las barras de simulador de golf ha despertado el interés en el golf como actividad social, antes de la pandemia del coronavirus. Aún así, algunos campos en los suburbios lejanos no han sobrevivido y eventualmente se han convertido en granjas solares.

“La imagen de Japón como ‘loco por el golf’ es probablemente un poco exagerada por los medios que reflexionan sobre lo que alguna vez fue el mercado de golf de más rápido crecimiento en el mundo, en la década de 1990”, dijo John Krzynowek, socio de Golf Datatech. Durante varios años, el negocio del golf en Japón ha caído levemente. Dicho esto, no hay razón para pensar que la victoria de Hideki y Tsubasa Kajitani en el Augusta National Women’s Amateur puede ser cualquier cosa menos grandiosa para el juego en Japón “.

Al igual que en EE. UU., El golf también se benefició durante la pandemia. Krzynowek también señala que incluso con menos golfistas, Japón aún genera significativamente más ventas por jugador que EE. UU. Y aún produce el segundo gasto más alto por jugador detrás de Corea del Sur. Krzynowek dice que si bien hay aproximadamente un tercio de los golfistas en Japón que en los Estados Unidos, representan la mitad del total de dólares gastados en equipos de golf por los golfistas estadounidenses.

“Un hecho interesante aquí es que tenemos más jugadoras jóvenes y jugadoras en comparación con antes de COVID-19”, dijo el veterano experto en el negocio del golf japonés Sunny Harue Marumo. Publicaciones en redes sociales como las de la estrella de YouTube Mai Shiraishi, la cantante, modelo y ex miembro del grupo de chicas japonesas Nogizaka46, la mostraron jugando su primera ronda de golf en noviembre.

“Ojalá pudiera divertirme mientras mi maestro me enseña”, dijo en el video de 10 minutos que ha sido visto casi 1.8 millones de veces. “Estoy un poco avergonzado, pero haré lo mejor que pueda”.

Pero sin minimizar la influencia en el multimillonario negocio del golf de alguien famoso por el programa de televisión japonés “Where Have My Skirts Gone?”, El impacto en el golf en Japón de la victoria de Matsuyama en el Masters es potencialmente tigre. Si bien nadie está sugiriendo que el reservado Matsuyama se entusiasmará de inmediato con la tarea de ser un ícono de marketing o comenzará a hacer comerciales de whisky Suntory, su victoria llega a una nación que suspira por una leyenda masculina del golf, especialmente una que va más allá de lo que cualquiera ha ido antes. El golf femenino sigue siendo un favorito incondicional de los fanáticos en Japón, impulsado a principios de la década de 2000 por el éxito internacional de la sonriente Ai Miyazato y un segundo campeonato principal femenino ganado por Hinako Shibuno en el Abierto Británico de Mujeres de AIG 2019. Hoy en día, el juego profesional femenino en Japón es claramente más popular, atrae a más fanáticos y patrocinadores y participa en 38 eventos, mientras que la gira masculina solo juega alrededor de 25. Matsuyama tradicionalmente juega en dos de esos eventos al año, pero su atractivo incluso antes del Masters era más grande que nadie. Ahora, Matsuyama con la chaqueta verde podría ser transformador justo cuando el golf en Japón más lo necesita.

“Este puede ser el comienzo de la próxima popularidad del golf en Japón una vez más”, dijo Nobuya “Mike” Ishizaka, fundador, presidente y director ejecutivo de GDO, el gran conglomerado de golf japonés que incluye el sitio web de referencia para todo lo relacionado con el golf en Japón con una importante operación minorista en línea y un servicio de tee-times en línea. “[Hideki] es como es, habla muy tranquilamente, no es llamativo, no es demasiado sociable. Definitivamente tendrá muchas ofertas para aparecer en televisión después de este éxito, así que veamos cómo se destaca más que nunca “.

El entusiasmo por el juego ya se estaba filtrando antes de la victoria de Matsuyama. El sistema de reservas en línea de GDO registró un récord de reservas en 2020, y la Japan Golf Range Association le dijo al Japan Times que sus últimas cifras registraron entre un 10 y un 20 por ciento más de jugadores con “el aumento notorio entre los de 20 y 30 años”.

“Siempre ha habido muchos fanáticos del golf en Japón, pero con la pandemia, Japón también vio un gran aumento en la popularidad del golf con nuevas personas que se unieron al juego, por lo que esta vez hubo muchos más fanáticos nuevos”, dijo Ishizaka. “He sido testigo de un gran logro de Hideki, así que esta será una gran celebración para el golf en Japón”.

Pero será después de la celebración que será la verdadera medida del momento de Matsuyama. Mientras persisten los desafíos de la pandemia, los Maestros cautivaron al país y la victoria atrajo inmediatamente los elogios del Primer Ministro Yoshihide Suga.

“Fue realmente maravilloso”, dijo. “A medida que avanza el coronavirus, su logro conmovió nuestros corazones y nos dio coraje”.

Aoki le dijo a Golf Digest Japan: “Esta victoria fue un momento que todos estábamos esperando, no solo yo, sino todos los fanáticos del golf japoneses y aquellos involucrados en el mundo del golf”.

Lo que no está claro es cuán directamente Matsuyama puede influir en las actitudes en el futuro, no solo por su reticencia natural, sino porque su victoria en el Masters no puede celebrarse realmente durante la pandemia de coronavirus, que nuevamente ha colocado a Japón en un estado de emergencia. Cuando Higuchi ganó su gran campeonato en 1977, hubo un desfile de cintas de teletipo a su regreso a Tokio. Matsuyama voló de regreso a Japón esta semana, pero inmediatamente tuvo que entrar en cuarentena durante dos semanas.

Sin embargo, su imagen ya está en todas partes, los brazos en alto en señal de victoria envueltos en la venerada chaqueta verde. Las fotos firmadas de Matsuyama cuestan ¥ 880,000 (aproximadamente $ 8,000) ya en mercari.com, la versión japonesa de eBay, que también incluye gorras, llaveros y cómics de Hideki. Es una fuente de orgullo y el poder de su influencia puede que no requiera mucho más que su excelencia en el campo y su discreción fuera de él. De esa manera, se parece más a Ichiro Suzuki, el gran ícono del béisbol y cierto miembro del salón de la fama, que a cualquier tipo de sensación de TikTok. Y eso está bien, dijo Yamanaka de la JGA.

“Hideki es Hideki, y creo que es fácil malinterpretar su personalidad”, dijo, y señaló que Matsuyama contribuye en voz baja con dólares significativos al golf junior en Japón. “Y creo que tiene todas esas cualidades en él. Los jugadores no solo lo respetan, les agrada. Y creo que gran parte del país que lo estaba observando, que nunca antes había experimentado un golf como ese, se inspirará en él.

“Creo que hizo quizás lo más importante que pudo hacer cuando dijo el domingo que su objetivo era demostrar que un golfista japonés podía hacerlo y estaba diciendo que ahora ustedes también pueden hacerlo”.

Entonces, si bien podría haber un deseo de que Matsuyama sea una chispa instantánea, similar a la de Tiger Woods en 1997, para impulsar una economía de golf resurgente en Japón, eso puede ser miope. La victoria de Matsuyama en realidad puede tener ecos que resuenan incluso más profundamente que ese primer gran momento internacional en la Copa de Canadá en 1957.

“Estimulará la venta de palos de golf y bienes, y los golfistas existentes con seguridad, pero creo que el verdadero impacto se verá de 10 a 15 años después”, dijo Marumo. “Creo que el evento tendrá su impacto en los niños primero, luego en el negocio del golf en el futuro. Hará que más niños comiencen a jugar al golf con la determinación de ganar torneos importantes. Quince años después, tendremos más jugadores masculinos y femeninos que juegan bien en el mundo, y luego tendremos más golfistas en general en Japón también ”.

El nuevo campeón de Masters tiene los pies en la tierra y conduce una minivan. Es tan reservado que nadie sabía nada sobre su vida amorosa hasta mucho después de casarse; Al sondear por qué lo había mantenido en secreto durante tanto tiempo, dijo: “Porque nadie preguntó”.

Golf Digest / By Alan Shipnuck

El nuevo campeón del Masters habla tan suavemente que la broma entre el cuerpo de prensa es que, si bien no habla mucho inglés, habla incluso menos japonés, favoreciendo respuestas concisas y vagas cuando lo interrogan los omnipresentes reporteros de su tierra natal.

No hay absolutamente nada colorido en Hideki Matsuyama excepto las pequeñas salpicaduras de neón en su guardarropa y la pirotecnia producida por sus palos de golf. Pero reclamó este Masters con una actuación vívida, tomando el control del torneo con un chillón de nueve segundos el sábado y luego con una eficiencia despiadada construyendo lo que resultó ser una ventaja insuperable en los primeros nueve de la ronda final. Matsuyama, de 29 años, se convierte en el segundo hombre de Asia en ganar un campeonato importante, uniéndose al Y.E. de Corea del Sur. Yang, un personaje amante de la diversión que se desvaneció rápidamente. El nuevo campeón de Masters ha sido durante mucho tiempo un jugador de clase mundial, esta es su sexta victoria en el PGA Tour, incluido un par de WGC, pero ahora tiene la oportunidad de convertirse en una de las estrellas más grandes del deporte. Japón es un país loco por el golf y Matsuyama será el foco de estos Juegos. (Ya se especula que tendrá el honor de encender el caldero olímpico; Matsuyama provocó algunas risas en la conferencia de prensa de los campeones cuando dijo que lo consideraría si su agenda lo permite). El analista de ESPN Andy North dijo al aire que esta victoria del Masters Matsuyama podría tener un valor de mil millones de dólares en ingresos complementarios, una cifra fantástica que, sin embargo, captura la escala de esta victoria en Japón y en toda Asia.

“Creo que Hideki podría compararse con Ichiro y Sadaharo Oh”, dice Nobuhito Sato, miembro de la junta del Tour Japonés, alzando el nombre de dos tesoros nacionales al tratar de explicar lo que significa una chaqueta verde en Japón. Ichiro es el futuro miembro del Salón de la Fama de las Grandes Ligas y Oh es el líder de todos los tiempos en jonrones en el béisbol japonés y una figura cruzada que fue inmortalizada en una letra de Beastie Boys.

El domingo por la noche, Matsuyama se mantuvo en el personaje, negándose a llamarse a sí mismo el mejor golfista japonés de todos los tiempos, aunque permitió: “Soy el primero en ganar un major. Si ese es el listón, lo he puesto “. Añadió: “Es emocionante pensar que muchos jóvenes en Japón están mirando hoy”.

Puede que no le construyan una estatua a Matsuyama en medio de las vallas publicitarias de neón de Shibuya, pero alrededor de Augusta National debería al menos conseguir una fuente de agua dedicada a sus nueve últimos el sábado, cuando disparó un back-nine 30 para rugir y lograr una ventaja de cuatro tiempos. . Convocó algunas de las terceras rondas más trascendentales en la historia del Masters, que impulsaron a jugadores legendarios a la victoria: el 66 de Hogan en el 53; Nicklaus’s 64 en 1965, que él ha llamado quizás la mejor ronda de su carrera; Seve’s 68 en ’80, la puntuación más baja en un día brutal; Tiger’s 65 en 1997, que lo puso a las puertas de la historia; Los 65 sin fantasmas de Dustin Johnson el año pasado en camino a un récord de puntuación de Masters.

“Cuando está encendido, está encendido”, dice Joaquin Niemann, un compañero de equipo de la Copa Presidentes de Matsuyama. “Creo que esta semana definitivamente está en marcha. Creo que nadie puede detenerlo cuando juega así ”.

El domingo, la pregunta decisiva fue cómo se desempeñaría Matsuyama con el peso de una nación sobre sus hombros. Un bloqueo nervioso desde el primer tee no inspiraba confianza. Cuando hizo tapping para bogey en el primer green, Matsuyama había estado en el campo durante 14 minutos y ya su ventaja se había reducido a un golpe gracias a un birdie-birdie del joven advenedizo Will Zalatoris. Pero Matsuyama se estabilizó con un arriba y abajo para birdie desde el búnker del green en el segundo hoyo par 5 y luego un crucial de 15 pies para salvar el par en el quinto hoyo. Para entonces, Zalatoris se había calmado y una gran cantidad de posibles contendientes (Xander Schauffele, Justin Rose, Mark Leishman, Jordan Spieth) estaban retrocediendo en un día ventoso. Matsuyama tiene uno de los golpes más fuertes del juego y dominó el hoyo par 5, sellando el birdie con un delicado chip. (Su trabajo alrededor de los greens fue sensacional a lo largo de este Masters.) En el exigente noveno hoyo lo condujo hasta la pendiente ascendente y luego lanzó un wedge al rango de kick-in.

Para cuando Matsuyama llegó a Amen Corner, su ventaja era la friolera de seis golpes. Mostró una cierta cantidad de atrevimiento, algunos podrían llamarlo imprudencia, yendo por él en el 15, y su hierro 4 similar a un láser voló el green y terminó en el obstáculo de agua que es parte del hoyo 16, lo que lo llevó a un impulso. fantasma cambiante. Schauffele (quien jugó los hoyos 3-5 en cuatro sobre par para aparentemente salir volando del torneo) hizo un birdie 15 para cortar la ventaja a dos golpes, coronando una carrera enérgica, pero rápidamente enjuagó su golpe de salida en el 16. Matsuyama jugó en defensa preventiva. a partir de ahí, finalmente terminando un solo golpe por delante de Zalatoris.

“Tuve un calentamiento realmente bueno y me sentí muy bien yendo al primer tee hasta que me paré en el primer tee y me di cuenta de que estaba en el último grupo del Masters y luego estaba realmente nervioso”, dijo Matsuyama. “Pero mi plan de hoy era hacer mi mejor esfuerzo durante 18 hoyos. Ese fue mi pensamiento durante todo el día, solo hazlo lo mejor que puedas, haz lo mejor que pueda “.

Eso fue bastante bueno, y ahora hay pocas dudas de lo que se servirá en la cena de campeones del próximo año. Webb Simpson, uno de los compañeros de comida favoritos de Matsuyama, dijo a GolfDigest.com el domingo: “Siempre comemos sushi. Le encanta el sushi. Cuando jugué en el Dunlop Phoenix [torneo en Tokio], me invitó a cenar y el restaurante cerró para él. Ordenó por mí. Sí, eso era un poco más como una especie de sushi crudo, como si la cosa estuviera viva, y luego lo mataron y nos lo comimos de inmediato “.

Matsuyama trae a su intérprete, Bob Turner, a esas cenas para que la conversación fluya. Tiene poco interés en aclimatarse a la vida en el PGA Tour, manteniendo a su esposa e hijo en Japón mientras viaja por carretera a los torneos. Su amor por su tierra natal ha definido durante mucho tiempo su experiencia de Masters. Matsuyama anunció por primera vez sus intenciones en 2011, obteniendo bajos honores de aficionado cuando terminó en el puesto 27 gracias a una candente tercera ronda de 68. Casi se había saltado ese viaje a Augusta porque menos de un mes antes el Gran Terremoto de Sendai golpeó la región de Tohoku en Japón. de donde proviene Matsuyama. Una serie de tsunamis azotaron la costa y una ola de 15 metros inundó la planta nuclear de Fukushima, provocando un colapso y una serie de explosiones. El número de muertos eclipsó los 19.000. Dedicó su actuación estrella en ese Masters a sus compatriotas, diciendo: “Estaba muy feliz de estar aquí, de jugar cuatro rondas aquí en Augusta. Hay momentos difíciles en este momento en Japón. Espero que mi juego haya podido dar algo de ánimo a los que lo necesitan en este momento “.

Ahora, con los Juegos Olímpicos de Tokio comprometidos por una pandemia mundial, Japón vuelve a dirigir sus ojos solitarios a Matsuyama. Pero, ¿quién es el hombre por debajo de todas las expectativas?

“Nos divertimos mucho cuando jugamos juntos”, dice Niemann, un nativo de Chile que habla un inglés aceptable. “Obviamente, no hablamos mucho, pero podemos entender, y podemos ver en los ojos cuando te ríes o sucede algo gracioso”. Cuando se encuentran en el campo, Matsuyama le da una libra a su amigo y le dice en inglés: “Vamos, Niemann”.

“Es divertido escuchar esa palabra de él porque nunca lo escuchas decir nada”, dice Niemann.

O quizás Matsuyama evita las charlas triviales porque tiene la creencia de la vieja escuela de que la gloria está en los logros, no en pontificar. Este hombre de pocas palabras se ha ganado ya a los dos más codiciados del léxico del golf: campeón de Masters.