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El mes pasado despegaba de Suecia un avión de negocios gris camino al Báltico en una misión rutinaria de espionaje.

Klever Tee Time / Redacción

Los S102B Korpenos, los aviones espía suecos, se parecen a cualquier otro elegante avión corporativo desde el exterior, pero el secreto está en el interior de la aeronave.

Diferentes gobiernos ya le han echado el ojo a estos aviones corporativos para “misiones especiales”, mucho más baratos que los aviones de pasajeros o militares reconvertidos.

El mercado de este tipo de aviones se estima en 3 mil millones de dólares (alrededor de 2 mil 485 millones de euros al cambio actual) y está en mano de unos pocos especialistas en aviones corporativos, además de en las empresas de armamento israelíes, europeas y estadounidenses que suministran sistemas de inteligencia avanzados, según detalla Reuters.

Las mejoras en la electrónica (cada vez más potente y de reducido tamaño) han provocado una creciente demanda de pequeños reactores con sistemas antes reservados a aviones más grandes, lo cual ha dinamizado un mercado liderado por Gulfstream, seguido de cerca por la canadiense Bombardier y la francesa Dassault Aviation.

Un mercado con numerosas oportunidades

Esta tendencia se aceleró el mes pasado cuando la sueca Saab emparejó GlobalEye (su sistema de alerta temprana de última generación), que llevan los aviones de negocios Bombardier Global, con los aviones de guerra Gripen en su apuesta por un concurso crucial de cazas finlandeses.

Además de estos sistemas de alerta, hay aviones de inteligencia que captan pasivamente los radares y escuchan las comunicaciones. Las funciones varían según la misión.

Ahora, el gigante de la defensa estadounidense, Raytheon, ha propuesto la instalación de consolas e inteligencia artificial en los Bombardier, ya que Corea del Sur podría estar buscando nuevos aviones de “escucha” para aumentar su flota Peace Eye.

Aunque estos pedidos son de pequeño volumen, son más rentables y resistentes a crisis como la del COVID-19.

Como señalan fuentes del sector a Reuters, los jets corporativos básicos pueden costar entre 20 y 60 millones de dólares (entre 16,5 y 50 millones de euros), pero el precio para convertirlos en aviones espía aumenta rápidamente y podría superar los 200 millones de dólares (165 millones de euros) en los de alta gama.

Los fabricantes de aviones no revelan datos sobre las ventas de aviones para misiones especiales, aunque la empresa estadounidense de investigación JETNET estima que este mercado representa alrededor del 5% de las entregas anuales de grandes jets.

Según JETNET, Gulfstream es el líder en entregas a clientes gubernamentales, compitiendo con rivales como Bombardier y Dassault, que recientemente consiguió pedidos de 7 aviones Falcon 2000 Albatros para la Marina francesa.

Pese a ser un mercado con un gran potencial, ya tiene una gran amenaza: los drones de larga duración.